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 Lieutenant) January 08, 2015

¿Puede un libro de 1.200 páginas sobre un conflicto del que se supone que ya se ha escrito y filmado hasta la saciedad convertirse en un top de ventas en todo el mundo?

Antony Beevor ha demostrado con La Segunda Guerra Mundial que sí, que se puede cautivar a millones de lectores con un trabajo exhaustivo de minuciosa investigación que descansa sobre decenas de referencias bibliográficas y documentales.

Beevor, que ya se había ha ganado un sitio de honor en el pódium de los historiadores modernos con Stalingrado, lo ha vuelto a hacer. Ha demostrado de nuevo que el rigor documental no tiene por qué estar reñido con la fuerza de una historia si esta se sabe contar bien, como es el caso. El secreto: hablar a personas de lo que le ocurrió a personas. Tan simple como difícil.

Antony Beevor, militar reconvertido a historiador, cuenta en La Segunda Guerra Mundial la historia del mayor conflicto jamás vivido a escala global por el hombre. Y lo hace recurriendo a los ojos y las voces de los que la sufrieron. A eso que el escritor y filósofo Miguel de Unanumo ya denominaba allá por 1898 la intrahistoria: la vida callada y anónima de millones de personas que subyace debajo de las batallas, los personajes y las fechas con que nos han venido saturando los manuales tradicionales y las crónicas oficiales. La vida misma. La tuya, la mía. La de tus padres, la de tus abuelos.

Con su prosa de ritmo impecable, capítulo a capítulo, escena a escena, Beevor nos coge de la solapa desde la primera página y nos arrastra por todos los escenarios de la contienda mundial: desde la destrucción total de Polonia por las tropas nazis hasta la bomba atómica de Hiroshima, pasando por la Batalla de Inglaterra, la lucha isla a isla por el Pacífico, la guerra encarnizada en el norte de África o el avance y posterior retroceso de las tropas nazis por la estepa rusa.

Ante todo, La Segunda Guerra Mundial de Anthony Beevor es una gran crónica de periodismo histórico más que un análisis historiográfico al uso. Cada batalla, cada movimiento, cada sucesión de los acontecimientos, es narrada con el máximo rigor y un respeto reverencial hacia los hechos, basándose en una rigurosa investigación documental en la que destaca el hallazgo de los diarios de militares y civiles de la época que introducen un color y un verismo humano hasta ahora nunca visto en la narración del conflicto. Mención especial merece la inclusión de los testimonios del escritor Vassily Grosman, corresponsal de guerra para el Ejército Rojo, cargados de expresividad literaria.

La historia con la que abre la obra es un ejemplo de la dimensión humana con la que Beevor logra abordar este conflicto de por sí inabordable. Un joven soldado asiático es capturado en el desembarco de Normandía por un grupo de paracaidistas norteamericanos. Resulta ser Yang Kyoungjong, un ciudadano coreano que fue reclutado sucesivamente, a la fuerza, por el Ejército Imperial de Japón, el Ejército Rojo de la Unión Soviética y la Wehrmacht alemana. Como bien explica Beevor, "en una guerra que acabó con la vida de más de sesenta millones de personas y cuyo alcance fue mundial, Yang Kyoungjong fue comparativamente afortunado", pues al fin y al cabo salió vivo. No obstante, "el relato de su vida tal vez siga ofreciéndonos el ejemplo más sorprendente de lo que fue la indefensión de la mayoría de la gente corriente" ante "fuerzas abrumadoras" que les sobrepasaban.

Por eso, porque recurre a voces que hasta ahora no se conocían, porque renuncia a los cánones de la historia oficial, Beevor nos cuenta la verdad cruda y brutal de la guerra, y por el camino se lleva mitos y clichés construidos tras años de cine autoindulgente y la conocida tendencia de los vencedores a contar la historia según les conviene.

Descubrimos así que los buenos no eran siempre tan heroicos, y que los malos eran mucho más que villanos. Que durante una parte de la guerra, los aliados estaban dispuestos a ganar la guerra por la sencilla táctica de reducir a escombros las ciudades alemanas, llevándose por delante la vida de miles de civiles. Que el régimen de Stalin a veces presentaba pocas diferencias con el de Hitler a la hora de realizar asesinatos politicos o deportaciones masivas. Que el ejército japonés fue el triste protagonista de violaciones en masa en China y actos de canibalismo en la Batalla del Pacífico. Que los americanos, tan heroicamente representados en el cine, presumían de acertar con sus bombarderos "a un barril de encurtidos" pero "su puntería distaba mucho" de ese grado de exactitud. Que los aliados no eran una piña ni mucho menos lo desvela la carrera por Berlín, un episodio del final de la guerra que ya hace presagiar el inicio de la Guerra Fría que vendrá después: los americanos se apresuran a tomar la capital alemana antes que los rusos. Si hubiera llegado Stalin primero, probablemente el curso de la historia hubiera sido bien distinto al que conocemos.

Las atrocidades de los nazis, por supuesto, encuentran en esta obra su relato pormenorizado. Descubrimos, por ejemplo, como el Zyklon B, el gas con que los nazis mataron a millones de judíos, gitanos y soviéticos, era fabricado por la compañía IG Farben, que unía a la actual Bayer con otras dos empresas, y que colaboraba estrechamente con el régimen. O como se fabricaba jabón con los restos de los judíos asesinados por el holocausto. Y un sinfín de horrores que llevan a Beevor a preguntarse cómo todo un país "estuvo dispuesto a seguir ciegamente al criminal más temerario que haya conocido el mundo".

En definitiva, con su rigor documental, con su vívida narración de las hechos como se vivieron por sus protagonistas, Beevor no sólo crea un relato fascinante y trágico sobre el mayor conflicto bélico de nuestro tiempo sino que además abre nuevos campos a la investigación histórica que aún darán muchos frutos en el futuro.

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Texto y Foto: @JavierIRB.
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