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 Lieutenant) September 16, 2015

Siempre que nos acercamos a la Alemania gobernada por el partido nacionalsocialista nos hacemos la misma pregunta¿Cómo pudieron convencer a la población alemana para que, inicialmente, les votara y para que después les siguiese ciegamente en la batalla? La respuesta es complicada, pero podemos responderla si conocemos mejor al protagonista de hoy, Joseph Goebbels.

Nacido en el seno de una humilde familia de Renania este brillante estudiante de letras, tuvo desde muy joven dos complejos que le marcaron de por vida, uno físico y otro moral. A los cuatro años sufrió poliomielitis que le dejó como secuela una fuerte cojera al tener una pierna más larga que otra. Esta minusvalía le persiguió toda su vida, ya que no podía jugar como otros niños durante su infancia y, sobre todo, provocó que le denegaran su ingreso en el Ejército Alemán durante la I Guerra Mundial.

Asimismo tenía un complejo frente al resto de sus compañeros de clase, mientras ellos provenían de familias adineradas, Joseph Goebbles había conseguido llegar a la universidad mediante becas y ayudas. Este conflicto con sus compañeros le hacía sentirse, como el mismo escribió en sus diarios como “un paria, un proscrito, sólo un extranjero con deportación suspendida, no porque yo rindiera menos que los demás o fuera menos listo, sino sólo porque me faltaba el dinero que al resto les procuraba abundantemente el bolsillo de sus padres”.

A pesar de todos estos traumas, en 1921 se doctoró en la Universidad de Heidelberg, y cuando parecía que su futuro mejoraba se encontró con un panorama nada halagüeño,Alemania se había rendido en la I Guerra Mundial, el Kaisser había abdicado y la naciente República de Weimar era un gobierno inestable debido a las continuas luchas en las calles entre grupos paramilitares y comunistas. Todo este caldo de cultivo marcó el ideal político de Joseph Goebbels, quien ya tenía, como hemos visto, odiaba a los burgueses y, sobre todo, era un gran antisemita. Su ideal político, la influencia del Zaratrustra de Nietzsche, el determinismo de Dostoievski y los restos del catolicismo que aun quedaban en él, le hacían creer en un destino superior para él y para el pueblo alemán, lo que le alejaba del comunismo al que consideraba “comedia judía que trata de castrar y depravar a los pueblos conscientes de su raza” y le acercaba a las ideas del recién creado Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. Finalmente, en 1924 y de la mano de Greorg Strasser se afilió al partido nazi, con el número de afiliado 8.762.

Su vida cambió radicalmente el 12 de julio de 1925, el día queconoció a Hitler en persona, y aunque debido a la postura más socialista de Goebbels, Hitler fue muy seco, la personalidad del Führer le apabulló. Desde ese momento, Goebbels se entregó en cuerpo y alma al líder y al partido.

Hitler, consciente de la capacidad oratoria de Goebbels le nombró Gauletier en Berlín y le encomendó la labor de hacer crecer al NSDAP en la capital alemana, donde era un partido residual. En Berlín llevó a cabo una reforma del aparato económico y publicitario del partido incluso fundó un periódico para dar voz al partido, Der Angriff, “El Ataque”.

Fruto, en gran parte, de su labor publicitaria en las elecciones de 1930 el NSDAP sacó 107 escaños en Reichstag y Goebbels fue elegido diputado, gracias a su nuevo puesto pudo aumentar su capacidad propagandística y el 31 de julio de 1932, el partido nazi se convierte en la mayor fuerza política del país con 230 escaños. Seis meses después, y tras varias intrigas, el Presidente Hindenburg nombra a Hitler Cancillerde Alemania, y Goebbels pasa a ser Ministro de Propaganda.

Desde este momento se convierte en uno de los hombres más poderosos de Alemania, y utiliza cualquier medio, hasta lamentira, para ensalzar el nazismo y a Hitler. Entre las manipulaciones más destacadas encontramos la versión que hizo llegar al pueblo alemán sobre la Noche de los Cuchillos Largos, la Crisis de los Sudetes, la Ocupación de Polonia y las constantes mentiras con las que bombardeaban al pueblo alemán, que a estas alturas seguía con fé ciega a su Führer.

Cuando la guerra tocaba a su fin, y como último acto de fidelidad hacia Hitler, se trasladó junto a su familia al Bunker del Führer, donde fue testigo de la boda Hitler-Braun, y se encargó de la incineración de Hitler tras su suicidio. Tras esto, él y Magda, su esposa, envenenaron a sus hijos y juntos se suicidaron. Sus cadáveres fueron incinerados y el viento se encargó de esparcir las cenizas de aquel hombre que había esparcido mentiras al viento.

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